Y así de repente, ese virus fue llegando hasta nosotros y se convirtió en una especie de fantasma que nos rodea. Y ya llevamos varios meses, con este fantasma, que ha llegado para sacudir nuestras vidas, nos ha alejado de las calles y nos ha obligado a estar en casa. Mas, si salimos a la calle el ambiente es raro, ya no se ven las sonrisas porque para salir debemos usar mascarillas. Y ni hablar del lavado de manos que veces que las lavamos al día que ya hemos perdido la cuenta.
Este virus desde su llegada nos ha hecho alucinar; al
principio cuando mami me decía que podrían cerrar las fronteras, lo consideré
una exageración, pues nunca pensé que fuera a pasar. Y sin esperarlo de un día a otro esto paso.
Ahora salimos a la calle y vamos guardando las
distancias. Nuestras salidas se redujeron a ir al supermercado o la farmacia.
Atrás quedaron las salidas al cine, las fiestas, los
happy hours, los conciertos y los encuentros entre amigos. Tambien, las salidas
de shooping o a vitrinear. Y qué decir
de los paseos en el parque que tanto nos gustan.
Ahora se habla de la nueva normalidad o la covidianidad. Habrà que preguntarse como serà esa realidad despues del virus.
Mientras tanto, el virus nos acercó mas a los que queremos y más queremos y nos recordó
lo mas importante; disfrutar del momento presente, de las cosas sencillas y que en un abrir y cerrar de ojos todo puede cambiar incluso el mundo.
Que este cambio sea para mejor.
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